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Mat 2
Introducción: Amado Jesús
En medio de toda la historia de la iglesia Cristiana se para de forma imponente la persona de Jesucristo. La iglesia Cristiana lleva el nombre de este hombre, Jesús, el Cristo, desde los primeros días de la iglesia primitiva, cuando a sus seguidores Ase les llamó cristianos por primera vez en Antioquía (Hechos 11:26). Desde entonces, muchos grupos, cuyos nombres casi han desaparecido de la historia, han reclamado ser cristianos: los gnósticos, los nicolaitos, los ebionitas, los arianos. Hay innumerables iglesias en el mundo hoy que también pretenden llevar el manto de Jesús: las iglesias ortodoxas de Grecia, Siria, Armenia, Rusia, Etiopia, la iglesia Copta de Egipto, la iglesia Católica Romana, las Anglicanas, las Luteranas, las Reformadas y Presbiterianas, las Bautistas, Metodistas y Pentecostales entre muchas, muchas más.
Por otro lado, tenemos también las sectas que reclaman ser cristianas: los Testigos de Jehová, los Mormones, los Teosofistas y Antroposofistas, los de la Ciencia Cristiana, y la Iglesia de la Unificación, la Iglesia Unitariana, y hasta los de Mita y Aarón. Y hay grupos también con los cuales no estamos seguro que hacer, como los Adventistas. En medio de todo este lío se para la forma tranquila e imponente de Jesús, nuestro Señor, quien es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Este es nuestro amado Jesús.
Pero este Jesús es amado, supuestamente, por todos los grupos arriba nombrados. El problema es que el Jesús que pretenden amar es distinto de grupo en grupo.
No podemos hablar de un solo Jesús, sino de varios “jesuses”. En el siglo diecinueve, algunos eruditos del Nuevo Testamento, no confiando en la imagen histórica de Jesús dada en la Biblia, salieron en búsqueda del verdadero Jesús histórico. Después de haber pasado por varias décadas de esta búsqueda, el famoso autor y médico, Albert Schweizer, comentó que la gran ironía de esa búsqueda era que el Jesús descubierto por aquellos eruditos en casi todos los casos, parecía hasta en los detalles a los mismos eruditos que lo buscaban. Los eruditos habían encontrado un Jesús hecha en su propia imagen y semejanza. Así también con todos estos grupos, la tendencia es proyectar nuestra imagen en la imagen de Jesús.
Nuestra tendencia es hacer Jesús en nuestra imagen en vez de dejar que Jesús nos conforme a la imagen suya. Este es un gran peligro que debemos evitar a toda costa.