Mat.6

 

Introducción 

 Santidad dos

  

Esta porción de nuestro estudio en tres partes es un intento de presentar la doctrina de la santidad sistemáticamente, como un todo coherente. Por tanto, difiere del exégesis sinóptico del primer volumen y del examen histórico del segundo. En una presenta­ción tal es necesario tocar muchas otras doctrinas, pero sólo una teología sistemática formal y completa podría discutir completamente estas doctrinas adjun­tas. Se entretejerán en este estudio sólo cuando se relacionen al tema principal, la santidad. Aun la justificación y la regeneración, así como temas como el mal y la providencia, se tratan primariamente en su relación a la santidad. El libro incluye un estudio de la Expiación, aunque no se intenta presentar una discusión completa de la Expiación. Si alguien desea investigar estos asuntos hasta lo profundo, tendrá que examinar los tres volúmenes de Christian Teology de H. Orton Wiley o alguna otra fuente comprehensiva.

 

Muchos de los temas en el desarrollo principal podrían ser benéficos como monografías separadas, tales como la santidad y la ética social, y por supues­to, santidad y cultura. Algunos aspectos sicológicos de la santidad merecen una atención más cuidadosa. Pero si la santidad ha de ser experimentada como un privilegio de gracia, antes que meramente un sujeto de especulación, su lugar central en el plan de salvación debe presentarse con claridad específica. Nuestro método de tratamiento ha considerado éste como su objetivo constante y supremo.

 

Por eso también la santidad se ha tratado, no como un ideal para ser elogiado, sino como una relación con Dios en un estado del alma que ha de gozarse. La llave no es el tiempo, sino la fe. Los ideas (de ser buenos), representan normas hacia las que hemos de aspirar. El concepto tiene que ver con el crecimiento en la gracia y la madurez del carácter cristiano. Pero la santidad es una experiencia de corazón accesible __de hecho obligatoria__ ahora mismo. Aquella “santidad” que se fuerza a un inexis­tente país de ideas efímeras pronto se vuelve asunto de romanticismo y humanismo y deja de ser evangé­lica o bíblica.

 

Una palabra más debe decirse para proveer la llave al esquema general. La doctrina de la santidad se presenta en un trasfondo Trinitariano. Principia­mos con la santidad de Dios. De la consideración de Dios como Creador emerge lógicamente nuestra antropología y hamartiología __la doctrinas del hombre y del pecado. Esto se sigue por un estudio de Dios el Hijo, con respecto tanto de su Persona como de Su misión sobre las posibilidades de gracia para el pecador.

 

Es inevitable que prosigamos hacia la obra sotérica especial del Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Trinidad. El es “la fuente grandiosa de la santidad en su iglesia”, dice Wesley. Y agrega: “El Espíritu Santo es el principio básico de la conversión y de la entera santificación de nuestros corazones y vidas.” Por tanto, el ministerio regenerador y santifi­cador del Espíritu domina necesariamente la mayor porción del desarrollo. El nacimiento del Espíritu, y la vida en el Espíritu se convierten en temas princi­pales, con otros como la santificación y el amor perfecto se daban por hecho bajo sus rubros. Estos eran posibles y tenían significado sólo como ministraciones del Espíritu y, como tales, forman parte de la provisión redentiva de Cristo.

 

Al explicar doctrina, especialmente en el área de soteriología, es propio desplegar una dosis generosa de humildad porque las formulaciones dogmáticas de la experiencia cristiana son intentos de describir cómo las enseñanzas implícitas y explícitas de las Escrituras parecen desenvolverse. En la Escritura misma se entretejen la doctrina y la experiencia no sólo en las porciones más históricas, como en los Hechos, sino en las porciones más didácticas, como en las Epístolas. Los sumarios de credo de los esta­dos y procesos de la experiencia se produjeron por un estudio de esta información doctrina/experiencia. El resultado es una doctrina descriptiva que dice, Así es como sucede.

 

Hasta el grado en que la Biblia es explícita, la teología puede decir, Esta es la manera como debe suceder. Por ejemplo, el arrepentimiento debe subra­yar la fe, la fe debe ser la base para las obras y así sucesivamente. Pero hasta el grado en que la soterio­logía de la Biblia es implícita antes que explícita, la teología sólo puede decir, esta  la manera en que generalmente se experimenta. El dogma, entonces, debe considerarse como una guía, antes que como una camisa de fuerza. Se aproxima a la norma, pero no puede describir verbalmente cada variación personal en la experiencia basándose en esa norma percibida. Puede pronunciar juicio sobre experiencias obviamente no cristianas y no bíblicas, pero no puede sentar una regla sobre cada detalle respecto a la manera en que personas diferentes son guiadas por el Espíritu hacia la santidad y aún más allá.

 

                                                                                 

 

Las fuentes utilizadas para esta clase son de Richard S. Taylor