Mat.7

 

Introducción a Homilètica

 

 

El Arte de predicar

 

 

Homiletica, es el arte y ciencia de predicar para comunicar el mensaje de la Palabra de Dios.  Se estudia cómo organizar el material, preparar el bosquejo y predicar efectivamente.  Presenta a través del estudio de sermones ejemplares un modelo útil para los que se  han lanzado al difícil arte de la predicación, mostrando cómo decir las cosas de un modo claro y concreto.

 

Por muchos años hemos sentido de enseña­r a los creyentes que desean tomar parte en el ministerio de la Palabra el modo de preparar y ordenar un sermón. El buen deseo de testificar de las verdades del Evangelio, la misma piedad o el fervor religioso, con ser virtudes indispensables para la predicación eficaz, no son suficientes. Es necesa­rio presentar las verdades evangélicas, sobre todo a los nuevos oyentes, de un modo claro y lógico, que persuada sin fatigar las mentes. Para ello se nece­sita orden, disposición y clara enunciación de la plá­tica o sermón.

Es cierto que el Espíritu Santo ha usado a veces para realizar su obra de salvación sermones muy deficientes, carentes de lógica y débiles en argumen­tación. Tal es el caso del sencillo sermón que ganó al que después fue famoso predicador Spurgeon. Pero éstos son casos excepcionales, en los cuales Dios ha querido llenar por una manifestación espe­cial de su gracia lo que faltaba al instrumento hu­mano: Tales ejemplos no son, sin embargo, motivo alguno para menospreciar el arte de la Homilética, pues la preparación de sermones es un verdadero arte que requiere estudio y adiestramiento, con la particularidad de que, por moverse en la más alta esfera de la vida humana, merece más que cualquier otro arte tal trabajo y esfuerzo.

 

La cuidadosa preparación del sermón no es, em­pero, suficiente sin el poder o fuego del Espíritu Santo, que no siempre es el fuego del entusiasmo humano que se expresa con enérgicos gestos y gran­des gritos, sino aquella unción de lo Alto que da al sermón ese algo inexplicable que no se adquiere por medios humanos pero lleva a los corazones de los oyentes la impresión de que el mensaje es de Dios, porque es Dios mismo revelándose al corazón del que escucha la Palabra. Si ambas cosas vienen unidas en el sermón, el predicador no podrá menos que ver de su siembra espiritual abundantes frutos para vida eterna.

 

Hay que evitar ambos extremos. El predicador que descuida la preparación de sermones, confiando imprudentemente en la inspiración divina, se encon­trará frecuentemente con que no tendrá mensaje al­guno para dar, y tendrá que sustituir rápidamente la falta de inspiración por una charla sin sentido que cansará a sus oyentes, pues el Espíritu Santo no suele otorgar premio a la holganza. Y el predicador que sólo confía en su arte y en sus cuartillas bien escritas, puede hallarse falto de la unción santa y descubrir con sorpresa que su palabra no llega a los corazones.

 

 

Algunas de las fuentes de homiletica son del seminario R.V