PREFACIO
Los doce profetas “menores” no llevan este calificativo porque su mensaje sea de menor importancia, sino porque sus escritos son menos extensos que los de los profetas “mayores.” Amós, Oseas y Miqueas ocupan una posición paralela a la de Isaías—su famoso contemporáneo—por el énfasis en las sublimes verdades del judaísmo, a saber: que Jehová es el único Dios verdadero, cuya solamente es toda adoración; que Dios siempre castiga el pecado; que la religión verdadera consiste de justicia antes que de ritualismo, de manera que Dios desea justicia y misericordia más bien que sacrificios y ofrendas; que la salvación se encuentra por la fe en la Palabra del Señor a través de sus profetas, y por la obediencia a ella.
El siglo octavo antes de Cristo señala la cúspide de la profecía hebrea. En él encontramos a Amós, Oseas, Isaías y Miqueas, quienes posiblemente hayan aparecido y servido en ese orden. Es probable que los libros de Joel, Jonás y Abdías, pertenezcan también a este período. Si tal suposición resulta correcta, seis de los doce profetas menores escribieron en este siglo octavo A.C.
Durante el siglo séptimo aparecieron otros tres profetas menores: Sofonías, Nahum y Habacuc. Ellos fueron contemporáneos de Jeremías.
El siglo sexto A.C. escuchó las voces de Haggeo y Zacarías desafiando a los cautivos que habían regresado a Jerusalén a reconstruir el templo. Unas décadas antes—en el mismo siglo—Ezequiel había servido a los exiliados en Babilonia.
Finalmente, el siglo quinto A.C. nos brindó al último profeta del Antiguo Testamento: Malaquías. El señaló con índice inconfundible hacia la venida del Mesías y de su predecesor—Juan el Bautista—cuatrocientos años más tarde.
Posiblemente alguien desee saber por qué no hemos presentado a estos profetas en su orden cronológico. La razón de ello es que nos ha parecido más prudente seguir el orden que sus libros ocupan en el Antiguo Testamento.
Hemos de observar que, generalmente, el primer versículo de cada profecía nos presenta el título del libro y ofrece los datos cronológicos.
El título de este volumen sugiere el método de estudio. Hemos decidido considerar a cada profeta desde un punto de vista intensamente humano. Nuestro deseo ha sido que estos videntes de antaño adquieran vida en nosotros. El autor abriga la esperanza de que su libro presente un reto a la juventud—la juventud que resiente la ausencia de un desafío en sus libros de texto.
Los profetas menores tienen un mensaje moderno de urgente necesidad en esta hora de confusión y crisis. Es nuestra oración que los oídos se abran y que los corazones se sintonicen para escuchar la Palabra de Dios a través de estos varones.
Algunas de las Fuentes son de RALPH EARLE
CONTENIDO
UNO. Oseas y Joel
A. Oseas—El Triunfo del Amor
B. Joel—Dios Castiga el Pecado
DOS. Amós y Abdías
A. Amós—La Lucha Entre la Justicia y el Ritual
B. Abdías—La Tragedia del Odio Entre Hermanos.
TRES. Jonás y Miqueas
A. Jonás—Salvación Para Todas las Naciones
B. Miqueas—El Defensor de los Pobres
CUATRO. Nakum y Habacuc
A. Nahum— Maldición de Dios Sobre la Crueldad
B. Habacuc—El Combate con la Duda
CINCO. Sofonías y Haggeo
A. Sofonías—Cuando Dios Invade el Escenario Humano
B. Haggeo—Un Hombre de Acción Inspirada
SEIS. Zacarías y Malaquías
A. Zacarías—El Triunfo Final de la Santidad
B. Malaquías—Cuando la Gente es Tacaña con Dios